Compartiendo la mejor cosecha

En cierta ocasión, un reportero le preguntó a un agricultor si podía divulgar el secreto de su cosecha, la cual ganaba el concurso al mejor producto año tras año. El agricultor confesó que se debía a que compartía su semilla con los vecinos.

 

“¿Por qué comparte su mejor semilla con sus vecinos, si todos entra al mismo concurso año tras año?”, preguntó muy sorprendido el reportero.

 

“Verá usted, señor”, dijo el agricultor, “el viento lleva el polen de la cosecha madura de un sembrío a otro. Si mis vecinos cultivaran una semilla de calidad inferior, la polinización cruzada degradaría constantemente la calidad de mi cosecha. Si voy a sembrar buena semilla para obtener buena cosecha, entonces debo ayudar a que mis vecinos también lo hagan”.

 

Quienes deciden vivir bien, deben ayudar a que los demás también vivan bien, porque el valor de alguien se mide por las vidas a quienes ayuda. Y quienes optan por ser felices, deben ayudar a que otros encuentren la felicidad, porque el bienestar de cada uno se haya unido al bienestar de todos los que lo rodean.

 

El Señor Jesús nos enseña: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. (Mateo 7:12).

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