avion

Confianza

Un hombre observaba a un niño solo, en la sala de espera del aeropuerto, esperando la llamada de su vuelo. Cuando comenzó el embarque, el niño fue colocado al comienzo de la fila para entrar y encontrar su asiento antes que los adultos.

 

Cuando el hombre entró en el avión, vio que el niño estaba sentado a su lado. Se sentó, y aquel niño fue cortés al comenzar a hablar con él, después, empezó a dibujar en un libro.

 

No demostraba ansiedad o preocupación por el vuelo, muy por el contrario, se miraba confiado y seguro de sí mismo, mientras se realizaba la preparación para el despegue. Durante el vuelo, el avión entró en una tempestad muy fuerte, lo cual hizo que la aeronave se balancease como una pluma al viento.

 

La turbulencia y sacudidas bruscas asustaron a algunos pasajeros, pero el muchacho parecía enfrentar todo con la mayor naturalidad. Una de las pasajeras, sentada al otro lado del pasillo, estaba preocupada con lo que pasaba, y en aquel momento le hizo una pregunta al niño:

 

– ¿No tienes miedo?

– No señora, no tengo miedo- respondió él, levantando los ojos de su libro de colorear y, confiado, dijo sonriendo:

– Mi padre es el piloto.

 

Reflexión:

Existen situaciones a lo largo de nuestra vida, que nos recuerdan a un avión atravesando una fuerte tempestad. Por más que lo intentamos, no conseguimos sentirnos seguros, en tierra firme. Tenemos la sensación de que estamos colgados en el aire, sin que haya nada a dónde sujetarse o apoyarse y que nos sirva de socorro.

 

Entonces, siempre que se sienta inseguro y en una situación de peligro, a pesar de las circunstancias, por peores que estas parezcan, recuerde que nuestra vida está en las manos de Dios, que creó el cielo y la tierra. Viva con la seguridad de que en las luchas o los problemas que esté viviendo, Dios le dará la victoria, confíe en Él.

 

Con Dios todo está siempre bajo control, por eso no hay nada que temer. La biblia dice: “Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento”. (Salmo 243:4).

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario