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Dios no cambió sus planes

 

¿Crees que Dios cambió sus planes respecto a ti?

  • Este mensaje está dirigido a quienes no saben qué esperar y, tratando de no perder la fe, se imaginan en diferentes escenarios como preparándose para no entristecerse si el milagro que tanto esperan no ocurre.

Quien conoce las promesas contenidas en la Biblia, que Dios hizo a quienes establecieran un pacto con Él, sabe que esas promesas hablan de bendiciones maravillosas y poco vistas en nuestros tiempos: matrimonio ejemplar, salud, buena fama, abundancia económica, éxito…

Sin embargo, en ocasiones, quien hace pacto con Dios se siente triste porque ve el tiempo pasar y esas promesas aún no se han realizado en su vida, ¿acaso Dios cambió sus planes y en ellos ya no estás tú? Sigue leyendo para conocer la respuesta.

El ejemplo de Jeremías

Jeremías era un profeta fiel a Dios, pero en determinado momento también sintió que lo que tanto había soñado no se realizaría. Sin embargo los planes de Dios para con él continuaban intactos. En su oración, le dijo a Dios:

«Señor, Dios de los ejércitos, cuando hallé tus palabras, literalmente las devoré; tus palabras son el gozo y la alegría de mi corazón, porque tu nombre ha sido invocado sobre mí. Jamás me he sentado en compañía de gente burlona, ni me he sentido importante por causa de tu profecía; al contrario, me siento aparte, porque tú me has llenado de indignación.

¿Por qué mi dolor no tiene fin, ni mi desahuciada herida admite ser sanada? ¿Seguirás siendo para mí tan ilusorio como las aguas de un espejismo?» (Jeremías 15:16 al 18).

A esto, Dios respondió inmediatamente y le dijo:

«Si te vuelves a mí, yo te restauraré, y tú estarás delante de mí. Si entresacas lo precioso de lo vil, serás como mi boca. ¡Haz que ellos se vuelvan a ti, pero tú no te vuelvas a ellos! Entonces yo te pondré en este pueblo como un fuerte muro de bronce. Ellos pelearán contra ti, pero no te vencerán, porque yo estoy contigo. Yo te protegeré y te defenderé» (Jeremías 15:19 y 20).

El deseo de Jeremías y lo que más necesitaba era la protección de Dios, pues estaba siendo amenazado duramente. Dios solo le pidió quitar de sí las actitudes incorrectas para poder bendecirlo. Esto no significa que Jeremías estuviera pecando de forma deliberada, pero había cosas por mejorar en su carácter, podría haber tomado mejores decisiones hasta ese momento.

Para quien confía en Dios, el tiempo no es un enemigo, sino una oportunidad para ser mejor, con la certeza de que los planes de dios se cumplirán en su vida. José recibió la promesa de Dios a los 17 años, pero esta solo se cumplió 13 años después cuando José tenía 30. Abraham tenía 75 años cuando Dios le pidió su primer sacrificio, pero solo a los 100 años, después de otro sacrificio, pudo abrazar al hijo que siempre pidió a Dios.

No importa cuánto tiempo pase, confía. Sé fiel, sigue esforzándote. Nota que incluso las cosas malas que les sucedieron a José y a Abraham terminaron guiándolos a su bendición. Quizás, cuando menos lo esperes, todas las bendiciones que pediste te alcanzarán ¡y muchas más! De tan buenas, sentirás que tu espera fue corta y olvidarás los años de sufrimiento. Ningún esfuerzo es en vano cuando es hecho para Dios.

 

Dice el Señor: «No me olvidaré de mi pacto, ni me retractaré de lo que he prometido»

(Salmos 89:34).

 

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