perdon

El perdón

Cuenta un estudiante: —El tema del día era el resentimiento y el maestro nos había pedido que lleváramos papas y una bolsa de plástico. Ya en clase elegimos una papa por cada persona que guardábamos resentimiento.

 

—Escribimos su nombre en ella y la pusimos dentro de la bolsa. Algunas bolsas eran realmente pesadas.

 

—El ejercicio consistía en que durante una semana lleváramos con nosotros a todos lados esa bolsa de papas.

 

—Naturalmente la condición de las papas se iba deteriorando con el tiempo, además del fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento. Eso me mostró claramente el peso espiritual que cargaba a diario y cómo, mientras ponía mi atención en la bolsa para no olvidarla en ningún lado desatendía cosas que eran más importantes para mí.

 

—Todos teníamos papas pudriéndose en nuestra “mochila” sentimental.

 

—Este ejercicio fue una gran metáfora del precio que pagaba a diario por mantener el resentimiento por algo que ya había pasado y no podía cambiarse.

 

—Me di cuenta que cuando hacía importantes los temas incompletos o las promesas no cumplidas me llenaba de resentimiento, aumentaba mi stress, no dormía bien y mi atención se dispersaba.

 

Reflexión: La falta de perdón es como un veneno que se toma a diario a gotas pero que finalmente termina envenenando.

 

Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos.

 

El perdón libera de ataduras que amargan el alma y enferman el cuerpo.

 

Perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causaron dolor o enojo.

 

Muchas veces la persona más importante a la que tienes que perdonar es a ti mismo.

 

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