SEMAFO

El semáforo

Un día, un hombre se desperté con mucho sueño y enojado. Con trabajo, pudo levantarse de la cama. se dirigí al cuarto de baño arrastrando los pies mientras renegaba por tener que levantarse de la cama y no poder quedarse en ella todo el día. Desayunó con los ojos tan cerrados como su mente. Se sentía tan cansado, que por no meter el pan en el tostador, eligió comerlo frío y beber la leche directamente de la botella. ¿Para qué tanto trabajo?  ¡Es un fastidio!

 

Salió de su casa rumbo a la oficina, desde su coche observaba el suelo humedecido por la lluvia y no podía evitar la rabia al pensar que tenía que trabajar. El semáforo se puso en rojo y de pronto, como un rayo, se colocó frente a todos los automóviles algo que parecía un bulto.

 

Por curiosidad el hombre abrió más sus ojos somnolientos y pudo descubrir que lo que parecía un bulto, era el cuerpo de un joven montado en un pequeño carro de madera. Aquel hombre no tenía piernas y le faltaba un brazo. Sin embargo, con su mano izquierda lograba conducir el pequeño vehículo y manejar con maestría un conjunto de pelotas con las que hacía malabares.

 

Las ventanillas de los automóviles se abrían para darle una moneda al malabarista que llevaba un pequeño letrero sobre el pecho. Cuando se acercó al auto del hombre, entonces pudo leer, “Gracias por ayudarme a sostener a mi hermano paralítico”. Con su mano izquierda señaló hacia la acera y ahí estaba su hermano, sin brazos y con una sola pierna, frente a un atril que sostenía un lienzo, y movía magistralmente con su boca un pincel que daba forma a un hermoso paisaje.
 
El malabarista mientras recibía unas monedas, vio el asombro de la cara de aquel hombre y dijo: ¿Verdad que mi hermano es un artista?

 

Aquel día el hombre descubrió que ante aquellos jóvenes, él era el más necesitado, el más incompleto. El impacto fue muy profundo y mientras el hombre-bulto se retiraba y el semáforo cambiaba del color rojo al verde, el semáforo interior de aquel hombre también cambió.

 

Cuantas personas tienen encendida la luz roja que los paraliza por la pereza. Mantenga la luz verde encendida y realice sus trabajos y actividades sin reclamar con agilidad y alegría.

 

“Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir?
¿Cuándo te levantarás de tu sueño?Un poco de sueño, un poco de dormitar,
y cruzar por un poco las manos para reposo. Así vendrá tu necesidad como caminante,
y tu pobreza como hombre armado”. (Proverbios 6:9-11).

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