Miércoles

Es hora de sanar viejas heridas

Miércoles

Es hora de sanar viejas heridas

Posiblemente conoces la historia de José, el esclavo hebreo que llegó a ser gobernador de Egipto. Cuando este murió, asumió el mandato un faraón que decidió esclavizar con trabajos muy pesados a los hebreos.

Todo le fue quitado el pueblo de José: casa, pertenencias, sueños, motivaciones. No tenían fuerzas para luchar por nada, solo servían para trabajar.

Por amor, Dios los sacó de Egipto con la intención de llevarlos a una tierra donde disfrutaran de condiciones dignas, paz y abundantes bendiciones. Sin embargo, en el camino, el pueblo solo reclamaba. Dios, con suma paciencia, les dio lo que pedían: agua, carne y pan. Aun así, el pueblo protestó: «Mejor hubiéramos muerto en Egipto».

Los hebreos no comprendían que la tierra de abundancia prometida por Dios existía de verdad. Por desgracia, esto le sucede a muchos: no logran creer en la dicha y el bienestar que el Señor Jesús quiere y puede darles.

¿Sabes? Tú naciste con mente y corazón puros, sanos, pero, tal vez, por abusos, decepciones, maltratos y engaños, tu pureza dio paso al miedo, inseguridad, falta de amor propio, complejos, resignación… Quizá tu interior está herido y, con la intención de defenderte de los problemas y de la gente, has creado varias «costras» que te dificultan creer que Dios tiene algo mejor para ti.

Imagina una herida cubierta con gasas y vendas, a la cual tienes que aplicar medicamento para que la lesión sane. Primero necesitas retirar lo que estorba para que la herida quede expuesta y así trabajar en ella, ¿no es verdad? Dios desea hacer eso contigo: quitar las «costras», sanarte y hacerte ver que hay algo mucho mejor para ti.

Si hasta hoy has estado en el lado «egipcio» de la vida, debes saber que con Dios tienes la posibilidad de salir de esa condición. Solo permítele trabajar en lo más profundo de tu ser. Mantén esto en tu mente: hay una tierra prometida esperándote

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