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Fe como ola del mar

¿Usted ha observado cómo son las olas del mar? Las olas avanzan y retroceden cuando tocan la arena de la playa. Nunca están quietas. Y así es la fe de algunos, pero, ¿cómo sucede esto?

 

Buscar las bendiciones de Dios no es lo mismo que ser de Dios. Hay una gran diferencia. No sé si usted lo haya notado. Cuando alguien llega con la vida completamente hecha un caos, le pide a Dios que lo ayude a pagar sus deudas, curarlo de enfermedades, unir a la familia, darle fuerza para vencer los vicios, etc. Después de permanecer un tiempo y lograr su objetivo, cree que no es necesario seguir porque su vida ya está “arreglada” y mejor se aleja.

 

Luego de un tiempo, algo sucede y nuevamente esa persona vuelve con la misma intención. Pero quizá ahora decide seguir a Jesús, sin embargo no lo hace de todo corazón, su mente aún anhela la vida del mundo. Al no tener su fe firme en Cristo, apenas sucede algún problema o las cosas no salen como planeó, se desanima y de nuevo se aleja. ¡Eso es la fe como ola del mar!

 

La persona no se aquieta y tiene sus altibajos. Un día decide seguir a Dios y otro al mundo, pero todo es conforme a su conveniencia. Sólo busca bendiciones, su meta no es ser hijo de Dios para mantener esas conquistas y luchar por nuevos sueños y aún más grandes y mejores.

Entonces, ¿qué pasa cuando alguien es como una ola?… El Señor Jesús dice:

Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. (San Mateo 7:26-27)

 

Aquellos que no oyen, no cimentan su fe y no buscan el Espíritu Santo, nunca lograrán ser hijos de Dios, jamás podrán mantener sus bendiciones y, peor aún, cuando surja un problema que no puedan resolver por sí mismos, terminarán completamente destruidos o será demasiado tarde en el caso de la salvación de su alma. Esta indecisión ya es perdición.

 

Sin embargo, quien busca ser de Dios, no sólo será una nueva criatura, sino que será una llena de poder, del poder de Dios. Así todo se derrumbe, ella permanecerá en la fe, jamás dudará de Dios y mucho menos lo culpará. Siempre estará con la frente en alto, alabándolo y agradeciéndole porque sabe que todo lo que pasa es para su madurez y crecimiento espiritual.

En la fe.

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