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Huellas en la arena

Era un hombre que una noche tuvo un sueño… Soñó que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de su vida. Por cada escena que pasaba, percibió que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las de él y las otras del Señor.

 

Cuando la última escena pasó delante de ellos, miró hacia atrás, hacia las pisadas en la arena, y notó que muchas veces en el camino de su vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena. Notó también que eso sucedía en los momentos más difíciles de su vida. Eso realmente le perturbó y pregunté entonces al Señor:

 

—Señor, Tu me dijiste, a través de tu Palabra, que siempre irías conmigo a lo largo del camino de mi vida. Sin embargo durante los peores momentos de mi existencia veo que hay en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porque Tú me abandonabas en las horas en que yo más te necesitaba.

 

Entonces, Él, fijando en el hombre Su bondadosa mirada le contestó:

—Mi querido hijo. Yo siempre te he amado y jamás te abandoné en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente en los momentos de tu vida donde te llevé en mis brazos.

 

Reflexión:

Si cada uno de nosotros  a lo largo de nuestra vida caminamos con Dios, Él jamás nos dejará solos, aunque en los momentos más difíciles no Lo veamos, sin lugar a dudas está ahí, sosteniéndonos y acompañándonos como el amigo que nunca falla.

Porque yo el Señor soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha y te dice: “No temas, yo te ayudo”. (Isaías 41:13).

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