humildad

Humildad de espíritu

Dios escucha el clamor de quien clama y responde mediante Su gracia y misericordia. Cuando uno se humilla delante de Dios, reconociendo nuestros errores y confesando nuestros pecados, entonces Dios nos cubre con su misericordia y viene sobre nosotros. Pero cuando existe arrogancia y orgullo, Dios  no puede bendecir, pues, tales personas se consideran muy justas.

 

El Señor Jesús en una ocasión refirió una parábola acerca del fariseo y el publicano en la cual los dos subieron a orar al templo. Los fariseos eran los religiosos de aquella época, tenían mucho conocimiento acerca de la Palabra de Dios, eran considerados justos delante de los hombres, mientras que los publicanos eran considerados pecadores y ladrones.

 

Cuando los dos subieron a orar, el fariseo se consideraba mejor y perfecto delante de Dios, mientras el publicano pedía perdón a Dios por todos sus pecados. (Lucas 18:9-14). El Señor Jesús dijó que aquel publicano fue más justo que el fariseo. Porque aquel que se humilló, buscó de la Presencia de Dios, rasgó su corazón y a causa de esto fue justificado. Mientras que en la vida del fariseo no aconteció nada.

 

Lo que torna posible la respuesta de Dios en la vida de una persona, es humillarse delante de Él, reconociendo los pecados y faltas, porque esta escrito: “Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. (Mateo 23:12).

 

Cuando la persona se considera superior a los demás, esto impide que Dios actúe en la vida de ella, pero si la persona reconoce que también ella tiene pecados, tiene errores y se humilla delante de Dios, reconociendo que necesita de la ayuda de Él, el Espíritu Santo vendrá sobre la vida de esa persona y hará una obra grande en ella. Dios los bendiga.

 

Obispo Paulo Roberto.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario