Enfernedad

La enfermedad de Pedro

Para tener un cuerpo sano, es necesario que existan ciertos cuidados como tener una alimentación saludable, hacer ejercicio, entre otros. Lo mismo sucede con el alma, para que una persona sea emocionalmente fuerte, necesita convivir con personas que le amen, tener autoestima y expresar sus emociones.

 

Sin embargo, si cuidas tu cuerpo y tu alma, pero te olvidas del espíritu, puedes contraer una enfermedad espiritual que es la raíz de muchos de los otros problemas. Además, sólo es posible resolver los problemas externos, cuando nuestro interior está sano.

 

El apóstol Pedro, por ejemplo, llevaba varios años al lado del Señor, escuchando su Palabra y sus enseñanzas. En apariencia, era un hombre con una fe sólida, pero había detalles que demostraban la enfermedad espiritual que tenía.

 

Cuando Jesús habló del sacrificio que debía hacer en Jerusalén, de ser entregado en manos de sus enemigos, Pedro trató de disuadirlo, dejó que el mal tratara de sembrarle dudas al Señor, quien las reprendió de inmediato (lee Mateo 16:22-23).

 

Después, cuando Jesús fue apresado y Pedro reconocido como su seguidor (lee Mateo 26:69-75), lo negó 3 veces. La Biblia dice que después de eso Pedro lloró amargamente, es probable que en ese momento haya reconocido su condición verdadera, la enfermedad que debilitaba su fe, de forma que cuando más la necesitó no pudo permanecer firme.

 

Sin embargo, cuando Pedro recibió el Espíritu Santo y fue sanado de esa dolencia espiritual, nunca volvió a negar al Señor, soportó todo por Él, hasta la muerte.

 

Es importante que nos analicemos constantemente para ver si nuestras reacciones revelan síntomas de una enfermedad de la fe y que tengamos los cuidados necesarios para evitar que eso suceda.

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