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La fe y la tentación

La tentación es una de las experiencias más frecuentes y comunes; todos los seres humanos, incluido el Señor Jesús, hemos sido asaltados por incitaciones sutiles y tendenciosas.

 

Nadie está libre de asechanzas del enemigo. A veces, cuando más firmes nos encontramos más próximos a caer estamos. No podemos descuidar la guardia.

 

El peligro es tal que el apóstol Pedro alerta a los que escribe, diciéndole: “Sed de espíritu sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar. Pero resistidle firmes en la fe, sabiendo que las mismas experiencias de sufrimiento se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo”. (1 Pedro 5:8,9 paráfrasis “Biblia al Día”).

 

¿Quién se sentiría tranquilo amenazado por un león rugiente? En la noche de las negociaciones, cuando el apóstol Pedro hizo a Jesús las más atrevidas promesas de lealtad, el Señor le revelo algo que nunca olvidó este discípulo: “Simón Simón, mira que Satanás os ha reclamado para zarandearnos como a trigo”. (Lucas 22:31).

 

Tres veces hallamos el verbo zarandar (o zarandear) en la Biblia; las dos primeras en Isaías 30:28 y Amós 9:9; y aluden a la acción de terrible juicio divino con la que las naciones serán cribadas por Dios; la tercera es la que señalamos, el momento crítico que en Getsemaní vivieron los apóstoles, en aquella terrible “hora de las tinieblas”, cuando todas las fuerzas malignas del infierno se movilizaron para desmoralizar a los discípulos de Jesús.

 

¡La criba de la tentación! ¡Cómo sentimos debilitársenos la fe cuando pasamos por ella! Entonces aun los más enteros como Pedro vacilan y hasta llegan a caer. No, no podemos fiarnos de nosotros mismos; necesitamos renovar diariamente nuestras energías espirituales. Muy solemnemente, el apóstol Pablo nos dice: “Por tanto, el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga”. (1 Corintios 10:12).

 

 

La fe y la tentación. La decisión está en sus manos

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