La-voz-del-sacrificio

La voz de la fe

El sacrificio fue trazado por el propio Dios para que pudiéramos conquistar sus grandezas, sus bendiciones, hasta el propio Señor Jesús tuvo que hacer su sacrificio. Dios probo su amor hacia la humanidad dando a su único Hijo en sacrificio.

 

Nuestra vida depende de nuestra fe, sacrificio, entrega y renuncia. Cuando Jesús anunció a sus discípulos que era necesario ir a Jerusalén y padecer; en aquel momento Pedro que era uno de sus doce discípulos, aún siendo un hombre carnal, fue usado por Satanás y le dijo que tuviera compasión de Él mismo. (Mateo 16:21,22).

 

El Señor Jesús siendo espiritual detectó inmediatamente que aquella palabra no era de Pedro sino del propio Satanás tratando de impedirle sacrificar. En aquel momento Jesús reprendió la voz del diablo en aquella palabra de duda. Y le dijo a Satanás que se quitara de delante de Él. (Mateo 16:23). Cuando la persona es carnal o natural su mirada está en las cosas de los hombres, pero cuando ella es espiritual ella mira para las cosas de Dios.

 

El Señor Jesús sabía que su dolor sería grande, pues estaba entregando su propia vida. El Señor Jesús sabía que era necesario el sacrificio, Él no podía retroceder, era el único camino para que pudiera rescatar a la humanidad de las garras de Satanás, y así de esa manera que la humanidad obtuviera la salvación. El sacrificio es el único camino hacia la conquista, cuando usted sacrifica, Dios tiene que obrar, manifestarse y darle la victoria.

 

Siempre uno recibe de Dios mucho más de lo que uno sacrifica para Él. Pues Dios tiene mucho más para darnos que nosotros a Él, pero Dios sólo ara cuando nosotros actuemos, cuando manifestemos la fe y sacrifiquemos. En cada uno de nosotros está la decisión. Cuando la persona da todo de sí para Dios, se da por completo, Dios también da todo de Él para la persona.

 

Y usted ¿cuál es la voz que va a escuchar? La voz de Dios o la voz del diablo; la voz de la fe o la voz de la duda. Su futuro está en sus manos, pero todo va a depender de su fe, de su renuncia y de su sacrificio. Dios los bendiga.

 

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