Los dos siervos

Los dos siervos

 

Érase una vez un hombre que tenía dos siervos contratados. Un día los dos siervos empezaron a discutir sobre cuál de los dos era el más grande a los ojos de su maestro.

Entonces fueron los dos al maestro de la casa y le preguntaron, “Mi Señor, ¿quién de nosotros es el más grande?”

 

El maestro respondió, “dejaré que lo descubráis por vosotros mismos. Haré una pregunta a cada uno de vosotros…”

 

Entonces los siervos se levantaron y el maestro empezó a preguntarles, al primer siervo le preguntó, “¿qué haces por mi?”.

“Señor, trabajo en el campo todo el día cultivando el trigo para guardarlo después en el granero de mi señor,” respondió el primer siervo. “Después, por la noche, voy por toda la casa llenando las lámparas para que mi señor tenga luz. Con esto me gano mi salario, pero espero que un día pueda ganarme la libertad.”

 

El maestro asintió con la cabeza, se volvió a su otro siervo, y le preguntó: “¿Y qué haces tú por mi?”.

“Señor, soy un hombre educado, con vasto conocimiento en literatura, música, matemáticas y ciencias. Enseño a sus hijos todo lo que sé para que cuando dejen su casa puedan tener éxito en el mundo, y cuando eso suceda, espero que mi señor me de la libertad…”

 

Otra vez el maestro asintió con su cabeza y después se volvió a un humilde esclavo que estaba de pie junto a ellos y le preguntó: “ Y tú, ¿qué haces por mi?”.

“Mi señor, usted sabe que le amo, y mi único deseo es hacer lo que usted me pida. Usted me compró y sé que seré un esclavo de por vida, por lo que no gano ningún salario. Pero usted es bueno y misericordioso conmigo, y no me pega como otros señores a sus esclavos. Usted es sabio, justo y bueno, por eso lo amo”.

 

El maestro de la casa sonrió. “Entonces tú eres el más grande de mis siervos y te haré un hombre libre”.

 

Cuando escucharon esto, los dos siervos quedaron perplejos.

“¿Por qué él?” los dos gritaron indignados. “Nosotros trabajamos mucho más que él”.

 

“Sí. Vosotros trabajáis en mis campos y hacéis todo lo que vosotros mencionasteis. Pero este hombre sólo quiere servirme a mí, no a sí mismo. Ahora tiene su recompensa: su libertad. Y lo pondré como supervisor, y vosotros seréis sus siervos. Todo gracias a su servicio fiel hacia mi (aunque sólo era un humilde siervo) él es realmente el más grande.” (Efesios 6:6-8)

 

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