Espíritu Santo

No merezco recibir el Espíritu Santo

Dios es pureza, orden, amor y disciplina. Mientras que la naturaleza humana es emociones, desorden, desequilibrio, caos y mucho más. Frente a esa afirmación parece algo imposible que el ser humano pueda poseer la presencia del Espíritu de Dios, pues sus méritos no alcanzarían lo suficiente para ser dignos de recibirlo.

Y eso es verdad, por méritos nadie es digno de ser sellado por el Espíritu de Dios, pues somos pecadores e imperfectos, fallamos continuamente. Pero el Señor Jesús no nos prometió que recibiríamos el Espíritu Santo porque lo mereciéramos, sino por la fe.

Es por nuestra imperfección que necesitamos del Espíritu Santo para ser perfeccionados día tras día. Pero mientras usted piense que es indigno, automáticamente le cierra a Dios las puertas de su corazón. Sin embargo, si usted ya se arrepintió de verdad y eligió no volver a seguir el mismo camino del pecado, entonces no hay razón para no buscar Su presencia. Si realmente su corazón ya está limpio, entonces necesita el Espíritu Santo para no permitir que el diablo vuelva a ensuciar su alma.

Además, usted debe tener en cuenta que nadie llama la atención de Dios ganando puntos a favor. No sirve de nada si uno hace las cosas por obtener méritos o reconocimiento frente a las demás personas. El bautismo del Espíritu Santo es por fe, no por obras. El hacer no determina el ser.

Quizá usted esté haciendo el Ayuno de Daniel, pero, ¿lo hace con sinceridad?, ¿usted sólo sigue una costumbre?, ¿no quiere quedar en vergüenza frente a los demás? ¿Realmente está buscando el bautismo con el Espíritu Santo o una renovación?

Piense y medite en el siguiente versículo:

“Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (San Mateo 6:5-6).

Dios le bendiga.

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