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¿Qué pasa si no tengo el Espíritu Santo? Falta de dirección

“No entiendo por qué mi matrimonio no funciona. Mi marido me engaña, me golpea y encima de todo bebe mucho alcohol. Cuando éramos novios él no era así”.

“Estoy embarazada, ¿qué hago? Mi novio me prometió que siempre estaría conmigo, pero me dejó”.

“Mi socio me acaba de robar y estoy en la ruina”.

“Mi prima vino a vivir unos meses en mi casa, pero mi marido me engañó con ella”.

“Mi hijo no trabaja, no estudia, sólo sale con sus amigos y siempre se mete en problemas”.

Después de leer estos ejemplos, pregúntese ¿por qué usted u otras personas viven un infierno? Si al inicio todo iba tan bien, ¿por qué llegaron a esta situación?

Sólo es cuestión de que analice la historia de su vida… Parte de sus situaciones son consecuencias de las decisiones que tomó. Decisiones que fueron determinadas por el corazón:

  • Por tener un sinfín de emociones por ese hombre, usted no se fijó que él era una persona desinteresada que frecuentemente salía de fiesta con los amigos y tendía a ser agresivo.
  • Pensó que si se entregaba a su novio, él estaría con usted en las buenas y en las malas, pero si él es de la clase que sólo cambia de novia a cada rato, era seguro que no tomaría en serio la relación.
  • Si su socio era una persona que anteriormente ya tuvo conflictos, evidentemente usted no sería la excepción.
  • Si su marido es del tipo de persona que mira a otras mujeres, permitir la llegada de su prima fue como darle un dulce a un niño.
  • ¿Ya observó si usted impuso límites a su hijo? ¿Le dio la debida atención sin consentirlo demasiado o ser exageradamente estricto?

Cada decisión que toma, ¿lo hace con el sentir o piensa dos veces antes de actuar?

Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? (Jeremías 17:9)  

El corazón fue hecho para sentir, no para pensar. Sentimos amor y odio a causa del corazón. Él nos impulsa a muchas cosas. Quizá usted, con sus propias fuerzas, tiene dominio propio, pero esa energía se acaba y, en el momento menos esperado, falla. Por querer una vida llena de adrenalina, emociones y sensaciones, es que se toman decisiones sin la dirección de Dios.

“¿Y para qué quisiera que Dios me guíe?” Porque sólo Él conoce nuestro corazón, escudriña lo más profundo de nuestro ser. La guía del Espíritu Santo lo hiere y nos grita su voluntad. Pero es necesario entender que Dios no nos guía por mal, sino porque todo lo sembrado es cosechado.

Por ello es indispensable la presencia de Dios en nuestro ser. Pues sin Él, la vida sería un infierno y no sólo eso, Él dará la fuerza para enfrentar la cosecha de sus decisiones.

Que Dios le bendiga

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