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Quien nace de Dios es transformado

Una cosa es creer en Dios, tener fe y otra muy diferente el haber tenido un encuentro con Dios. Cuando la persona no nace de Dios ella no tiene el Espíritu Santo en su vida y no logra permanecer en la fe.

 

Las conquistas materiales, como: liberación, sanidad, familia restaurada, prosperidad, etc., vienen a través de las actitudes de la fe, pero ser bendecido no significa que la persona es nacida de Dios. Solo podemos decir que ha nacido de Dios, quien ha sido bautizado con el Espíritu Santo.

 

Un ejemplo de la necesidad de nacer de nuevo, se puede comprobar con Pedro, quien fue discípulo del Señor Jesús.

 

Pedro había visto muchos milagros, escuchado enseñanzas maravillosas, disfrutó de la Presencia del Señor Jesús, él era un hombre de fe. —Los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! (Mateo 14:26-27).

 

Quienes no han nacido de Dios, en el momento de las tribulaciones, adversidades y aflicciones, no logran mantener la calma. Se puede tener fe, pero no se es capaz de mantenerse firme, esto debido a no ser bautizados con el Espíritu Santo.

 

Lamentablemente existen personas que mientras están conquistando, están en la  fe, pero cuando comienzan a tener problemas y persecuciones, se enfrían en la fe y se apartan de Dios.

 

 —Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, hacia él… (Mateo 14:28-31).

 

Pedro anduvo sobre las aguas, porque en aquel momento creyó, él actuó la fe en la Palabra de Jesús. Pero, por no tener el Espíritu Santo, no fue capaz de continuar. Llegó un momento en que dio lugar al sentimiento, dejó de actuar la fe y comenzar a hundirse.

 

En nuestra vida es de igual manera, podemos actuar la fe y conquistar, pero si damos lugar a dudas y sentimientos, dejamos de mirar para Jesús y comenzamos a mirar para las dificultades y terminamos hundiéndonos. Pero cuando se tiene el Espíritu Santo, no hay miedos o dudas que nos impidan seguir en la fe. Cuando Pedro recibió el Espíritu Santo, él fue transformado y se convirtió en un gran vencedor.

 

Cuando la persona nace de Dios, ella es fuerte y no tiene miedo a nada. Lo que ella quiere es agradar a Dios, y no se preocupa con la opinión de los demás. La mayor riqueza que existe es la salvación, no hay cosa más importante para esta persona.

 

La Palabra de Dios dice: —Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo. (1 Juan 5:4). Busque con todas sus fuerzas nacer de Dios y cuando vengan los momentos difíciles, usted va a poder soportar, prevalecer y vencer. Él le bendecirá con una vida exitosa y la plenitud del Espíritu Santo como Él promete en Su Palabra. Dios los bendiga.

 

 

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