Vanidades

Vanidades personales

El hecho de desear el Espíritu Santo para algún propósito personal que, en el fondo, demuestra un anhelo por reconocimiento o una ambición material, ha sido una de las razones por las que muchos no han conseguido recibir el Espíritu Santo.

 

Veamos algunos ejemplos de vanidad personal para buscar el Espíritu Santo:

– Varios de sus amigos ya lo recibieron y usted no quiere quedarse atrás.

– Se siente apenado cuando el pastor pregunta quien ya recibió el Espíritu Santo y quiere tenerlo para tener una buena imagen en la iglesia.

– El deseo de tener un cargo, título o posición en la Obra de Dios, para lo cual tener el Espíritu Santo es necesario.

– Para llamar la atención, como una moda.

– Para poder empezar una relación sentimental con alguien que le pidió que fuera bautizado.

 

El Espíritu Santo no es un artículo decorativo, ni una herramienta. El Espíritu Santo es la presencia del propio Dios en nosotros y no podemos buscarlo por vanidades personales o deseos egoístas. Dios conoce lo profundo de nuestra alma y sabe las intenciones de nuestro corazón. Aquella persona que desea ser llena del Espíritu Santo debe analizar si su corazón está libre de estas ambiciones personales.

 

Pero entonces, ¿con cuál intención se debe buscar el Espíritu Santo? La persona que quiere ser llena del Espíritu de Dios necesita, en primer lugar, buscar tener el sello de Dios en su vida, para que Él le capacite y se convierta en un instrumento del Señor y su testimonio para llevar el Evangelio a toda criatura. Es decir, que el deseo del candidato no debe ser glorificarse u obtener un beneficio para sí mismo, sino enaltecer y servir al Señor.

 

Esto es un tema muy serio, porque cuando la persona busca el Espíritu Santo de esta manera egoísta, se convierte en un blanco fácil para que los espíritus engañadores entren en su vida. ¿Cuántas personas, por la ansiedad de alcanzar un título o una posición, se convencieron a sí mismas de un supuesto bautismo cuando en realidad estaban siendo engañadas por espíritus malignos?

 

Esto sucede porque la persona está tan afanada en conseguir el bautismo que al sentir una emoción fuerte en la búsqueda piensa que fue sellada, pero en su interior no hubo un cambio. En el fondo, la persona no logra evitar las dudas que le asaltan, pero por orgullo y vanidad personal, sigue fingiendo su bautismo y se está arriesgando a perder, no un título, posición o reputación, sino la salvación de su alma.

 

Tome mucho cuidado y analice sus motivos para querer recibir el Espíritu de Dios. ¿Desea glorificar a Dios o a sí mismo por medio de sus vanidades personales?

Que Dios le bendiga

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