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¿Qué hay después de la muerte?

La materia física llega a su fin, la pregunta es: ¿y el alma a dónde va?

 

Hay diversas creencias con relación al paradero del alma de los muertos.

 

Unos dicen que se va directo al cielo, al infierno o al purgatorio.

 

Otros creen que va a reencarnar en un ser que nace.

 

Y hay quienes opinan que simplemente todo se termina y deja de existir para siempre.

 

El relato de la parábola del rico y Lázaro muestra claramente que solo hay dos lugares a donde se va el alma, uno es un lugar de tormento eterno y otro de descanso eterno:

 

Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquel, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas.

 

Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado.

 

En el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.

 

Entonces, gritando, dijo: “Padre Abraham, ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama”.

 

Pero Abraham le dijo: “Hijo, acuérdate de que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado.

 

Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quieran pasar de aquí a vosotros no pueden, ni de allá pasar acá”. Lucas 16, 19-31.

 

La elección es de cada uno de nosotros, donde queremos pasar la eternidad. Esto se decide mientras uno vive,  por medio de las actitudes diarias hacemos nuestra elección.

 

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